miércoles, 22 de diciembre de 2010

no hay más que hablar.

¿Qué se puede hacer cuando tus días no te saben a nada?
Y sólo quieres que todo acabe en este mismo instante. Todo te da igual, no encuentras nada por lo que vivir o luchar y sientes la enorme necesidad de escapar lejos, muy lejos, sin dar explicaciones.
No hay nada que merezca la pena, y te aferras a la soledad.
La soledad de tus días con un cuaderno viejo, lleno de garabatos sin sentido, que no dicen nada pero a tí te dicen todo.
Y en desidia vives, y al mismo tiempo mueres cada vez un poco más.

domingo, 19 de diciembre de 2010

y más

El manantial que calma la sed, el olor del azahar en flor, el aliento que da la vida, el brillo de los ojos, la más bella melodía, el calor de la lumbre en un frío invierno, el sol radiante por la mañana, el grito más tierno, la primavera, las olas del mar, el blando almohadón del dormitorio, los pies fríos bajo el edredón, un lienzo recién pintado...
La risa después del llanto,
la mano al final del brazo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Las puertas

La mente humana tiene infinidad de regiones, aisladas pero conectas a la vez entre sí.
Cada una para una determinada habilidad o pensamiento que permite que llevemos a cabo una acción.
Esas secciones son como habitaciones en una casa, conectadas entre ellas por puertas.
Si somos capaces de abrir esas puertas, podrás hacer un libre intercambio de ideas y pensamientos desde distintos puntos de vista de cualquier cosa.
Las personas de mente libre pueden lograrlo.
Si no alcanzamos esa situación, esas puertas permanecerán cerradas toda la vida, y nunca podremos tener una completa y verdadera percepción del mundo.
Nosotros tenemos la llave.
La llave no te la puede dar nadie, ni nadie te puede abrir la puerta, excepto tú mismo.

martes, 12 de octubre de 2010

DESIDIA.

Despiertas, como todas las mañanas, al amanecer de Dios.
Empiezas otra vez la rutina.
No hay otra cosa que te joda más que madrugar, pero debes cumplir con tus obligaciones.
Te levantas, te das una ducha, tomas un café y empiezas el día.
Hoy está nublado, no será un buen día.
Caminas lentamente hacia tus obligaciones. Miras al suelo.
Enciendes un cigarro, saboreas el suave humo del tabaco por la mañana.
Piensas un poco en todo, y en nada a la vez.
¿Quién coño puso los horarios? ¿Por qué tiene que ser tan temprano?
¿Acaso no tendríamos mejor humor, mejor aspecto y más ganas si el día empezara a las 10 de la mañana?
Te haces esas preguntas, pero en el fondo sabes que nada va a cambiar.
Echas la mañana, sin ganas, desmotivada, y hasta el culo de todo.
Es lunes y ya necesitas que llegue el fin de semana.
Pasas los días en desidia.
Lunes, martes, miércoles, y jueves, y por fin llega el viernes.
Imaginas algo distinto, salir de la rutina.
Sales por la noche donde siempre: Alcohol, colegas, risas, bailes, despreocupación...
Te das cuenta que hasta el fin de semana es otra puta rutina.
Y te asquea.
Sales por inercia.
Y otra vez llega el lunes, e inexplicablemente esperas que llegue otra vez el viernes, aunque en el fondo sepas que va a ser siempre la misma mierda.


MJ.