martes, 12 de octubre de 2010

DESIDIA.

Despiertas, como todas las mañanas, al amanecer de Dios.
Empiezas otra vez la rutina.
No hay otra cosa que te joda más que madrugar, pero debes cumplir con tus obligaciones.
Te levantas, te das una ducha, tomas un café y empiezas el día.
Hoy está nublado, no será un buen día.
Caminas lentamente hacia tus obligaciones. Miras al suelo.
Enciendes un cigarro, saboreas el suave humo del tabaco por la mañana.
Piensas un poco en todo, y en nada a la vez.
¿Quién coño puso los horarios? ¿Por qué tiene que ser tan temprano?
¿Acaso no tendríamos mejor humor, mejor aspecto y más ganas si el día empezara a las 10 de la mañana?
Te haces esas preguntas, pero en el fondo sabes que nada va a cambiar.
Echas la mañana, sin ganas, desmotivada, y hasta el culo de todo.
Es lunes y ya necesitas que llegue el fin de semana.
Pasas los días en desidia.
Lunes, martes, miércoles, y jueves, y por fin llega el viernes.
Imaginas algo distinto, salir de la rutina.
Sales por la noche donde siempre: Alcohol, colegas, risas, bailes, despreocupación...
Te das cuenta que hasta el fin de semana es otra puta rutina.
Y te asquea.
Sales por inercia.
Y otra vez llega el lunes, e inexplicablemente esperas que llegue otra vez el viernes, aunque en el fondo sepas que va a ser siempre la misma mierda.


MJ.

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